Lo que dejamos en los zapatos cuando ya no somos niños
- Sebastián Sánchez

- 5 ene
- 2 Min. de lectura
Una carta abierta sobre las peticiones invisibles, la nostalgia de esta noche y el regalo que no se puede envolver.

Hola,
Te escribo mientras el mundo exterior parece contener la respiración. Hay una electricidad diferente en el aire, un eco de zapatos junto a la ventana y esa esperanza que, por unas horas, nos hace olvidar que somos adultos con facturas, dudas y responsabilidades.
Pero antes de que cierres los ojos esta noche, quería recordarte algo que tú y yo sabemos bien.
Tú y yo sabemos que, a estas alturas, lo que de verdad nos hace falta no se puede envolver en papel de regalo.
A medida que cumplimos años, nuestras cartas a los Reyes se vuelven invisibles. Ya no buscamos un objeto o algo material que estrenar mañana. Lo que realmente dejamos junto a la ventana, de manera silenciosa, es otra cosa:
Dejamos ese nudo en la garganta que nos acompaña a veces.
Dejamos las ganas de que alguien nos asegure que, pase lo que pase, todo saldrá bien.
Dejamos el deseo profundo de recuperar esa chispa, esa capacidad de asombro que la prisa de la vida nos ha ido robando poco a poco.
A veces, ser adulto es olvidarse de mirar las estrellas porque estamos demasiado ocupados mirando el suelo para no tropezar.
Pero esta noche es diferente. Ser niño no es ser ingenuo; es tener la valentía de seguir esperando algo bueno. Es creer que, aunque no veamos los camellos pasar, la magia del cariño, de la fe y de la esperanza sigue ahí, moviendo hilos invisibles en nuestra vida.
No sé qué es lo que más te pesa hoy. Pero esta noche, en este Modo Pausa, te invito a soltarlo un momento. Pon tus zapatos en la ventana no por compromiso, sino como un gesto de confianza hacia la vida. Como si le dijeras al universo: "Aquí estoy, todavía tengo un hueco para la alegría. Todavía estoy listo para que me sorprendas".
Ojalá mañana encuentres lo que tu alma de verdad necesita. No cosas, sino paz. No objetos, sino respuestas. No paquetes, sino abrazos de esos que te hacen sentir, por fin, a salvo.
Que nunca, pase lo que pase, dejes de poner los zapatos. Porque mientras mantengas la ilusión, siempre habrá un camino de vuelta a casa.
Feliz noche de víspera.
Invitación a la conversación (Organic Engagement):
Esta noche los zapatos no esperan juguetes, esperan certezas. Si mañana pudieras despertar con un solo "regalo emocional" (calma, perdón, claridad o el regreso de un recuerdo), ¿cuál elegirías tú? Te leo en los comentarios, con la luz baja.




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