top of page

Cuando no soltamos a quien ya partió, algo en nosotros también se queda detenido.

Aferrarse a un ser querido que ya no está es humano, pero también puede alejarnos de nuestra propia vida. Esta es una reflexión íntima sobre el duelo, el amor y el arte de soltar sin olvidar.


Perder a alguien que amas no se supera.

No del todo.

Se acomoda.

Se integra.

Con el tiempo, el dolor se vuelve más callado, pero sigue ahí.

Como una habitación que no cierras del todo.


Y es normal querer retener.

Agarrarte a su voz, a sus gestos, a lo último que quedó.

Como si soltar fuera traicionar.

Como si vivir sin esa persona fuera olvidarla.


Pero hay algo que casi nadie dice:

cuando no sueltas, no solo te aferras a quien se fue…también te alejas de ti.


Te quedas suspendido entre lo que fue y lo que ya no será.

Y sin darte cuenta, vas dejando de habitar tu presente.

Tu cuerpo está…pero tu alma no termina de volver.


No sueltas por amor, pero a veces… también por miedo.

Miedo a sonreír y sentir que ya no está para verlo.

Miedo a construir algo nuevosin esa persona como testigo.


Y sin embargo, seguir viviendo no es una traición.

No borra nada. No reemplaza a nadie.

Solo te recuerda que tú aún estás aquí.


Soltar no es olvidar.

Es darle otro lugar. Uno más sereno. Más ligero.

Un lugar donde no duela tanto, pero acompañe.

No para cerrar el duelo, sino para abrir la vida.


Y tú…sigues teniendo vida por delante.

Días que merecen ser vividos por completo, no a medias.

No desde la culpa.No desde el miedo.


Soltar es un acto de amor. También hacia ti. También hacia lo que sigue.


¿Lo has sentido así alguna vez?

Esa sensación de no querer soltar…y al mismo tiempo, no poder vivir del todo.


Aquí puedes escribirlo si lo necesitas. Hay espacio para el amor que duele,y también para el que aprende a quedarse…aunque sea en silencio.


Un abrazo

Sebastián

Comentarios


bottom of page