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🌀 La rutina también puede ser un refugio

No siempre hay que huir de la rutina. A veces, es justo lo que necesitas: algo que te sostenga, te cuide y te devuelva calma. La clave está en llenarla de sentido.



Durante mucho tiempo pensé que la rutina era sinónimo de aburrimiento.

De estancamiento.

De vida sin alma.

Pero con los años he descubierto algo diferente.

Algo más suave.

Más cierto.

La rutina también puede ser un refugio.

Un espacio donde apoyarse cuando todo lo demás se mueve.

Una estructura que sostiene.

Un ritmo que acompasa.

No hace falta que todos los días sean distintos para que tengan valor.

A veces, repetir algo que te hace bien

es justo lo que necesitas.

Un café en silencio.

Un paseo por el mismo sitio.

Una llamada a la misma hora.

Una canción que suena siempre al final del día.

En lo cotidiano también hay belleza.

También hay vida.

Y muchas veces, también hay paz.

La clave no está en huir de la rutina,

sino en llenarla de sentido.

De intención.

De presencia.

Porque cuando eso ocurre,

la rutina deja de ser cárcel…

y se convierte en hogar.


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