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¿Y si hoy volvieras a ti, aunque sea un poco?

Hay días en los que cumples con todo, pero algo dentro de ti no está. Esta es una invitación suave a volver a ti, sin culpa, sin prisa, pero con verdad.


A veces el cuerpo llega… pero tú no.

Estás ahí, en medio del día.

Cumpliendo. Respondiendo. Haciendo lo que toca.


Y desde fuera… parece que todo está bien.

Pero tú sabes que no.


Porque hay un punto —pequeño, callado—

en el que algo dentro de ti empieza a alejarse.

Sin ruido. Sin motivo claro. Sin drama.


Solo notas el hueco.

Ese momento donde ya no sabes si estás viviendo tu vida

o solo sobreviviendo en ella.

Con el piloto automático encendido

y el corazón en pausa.


Volver a ti no es un “proceso espiritual”.

No es algo que tenga que verse bonito.

Ni compartirse. Ni anunciarse.


Es una decisión silenciosa.

Un gesto privado.

Algo tan sutil como cerrar los ojos un momento y preguntarte en serio:

“¿Dónde estoy?”

No físicamente. No en Google Maps.

Sino emocionalmente. Internamente. Existencialmente.


Volver a ti es eso.

Darte cuenta de que llevas días sin mirarte.

Sin nombrarte.Sin permitirte ser, sin explicarte.


Y sí… volver da miedo.

Porque a veces no quieres ver lo que hay dentro.

Porque es más fácil distraerse que enfrentarse.


Pero también da alivio.

Porque dentro de ti no hay solo ruido.

También hay hogar. Hay memoria. Hay deseo.


Volver a ti es volver a sentir lo que de verdad importa.

Volver a lo esencial. Volver a elegir.

Volver a amar… empezando por ti.


No hace falta que lo hagas todo hoy.

Solo da un paso. Respira.

Escúchate sin interrumpirte.


Y si hoy lo sientes…vuelve.

Con calma. Pero con ganas.


¿Te ha pasado?

¿Has sentido que te habías ido un poco de ti… sin darte cuenta?

Este espacio también es para eso:para volver sin tener que dar explicaciones.



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