top of page

A veces herimos sin querer: cómo reconocer, sanar y reparar con amor

No hace falta ser una mala persona para lastimar a alguien. A veces, solo estamos cansados, asustados… o repitiendo lo que no hemos sanado.


Hoy quiero hablarte de eso que no siempre se dice en voz alta.

De cuando herimos… sin darnos cuenta.


No fue gritar.

No fue una gran traición.

Fue una palabra, un gesto, una ausencia.

Fue estar demasiado ocupados con lo propio como para ver al otro.

Y sin querer, hicimos daño.


No es excusa.

Tampoco es para culparse eternamente.

Pero sí es una invitación.

A detenerte.

A mirar con honestidad.

A preguntarte: “¿Pudo haber dolido lo que hice… aunque no fuera mi intención?”


Porque la sanación no siempre empieza con un “lo siento”.

Empieza con el coraje de quedarte ahí.

Escuchando lo que duele.

Sin defenderte.

Sin escapar.

Sanar es un acto de amor.

Y a veces, ese amor también repara lo que rompimos sin querer.


Quizás no todo se puede arreglar.

Pero sí se puede aprender a cuidar distinto.

A amar con más conciencia.

A estar más presentes la próxima vez.

Y eso… también es parte del camino.


Sebastián


¿Alguna vez sentiste que heriste a alguien sin querer?

Si te nace compartir tu experiencia o cómo lo manejaste, te leo en los comentarios.

A veces nombrarlo ya es parte de soltarlo.


📩 Si esta reflexión te ha tocado, quizás te apetezca recibir más como esta.

Envío una cada día. Sencilla, directa, como una pequeña pausa en medio del ruido.

Puedes suscribirte aquí abajo y te llegará al correo, sin prisas y sin filtros.

Comentarios


bottom of page